E. FUENTES.
Luis Manuel Salmerón y Pablo Torres –Pablo ‘Clabó’– son una extraña
pareja de hecho. Eso sí, sólo mágica, que quede claro, no se vaya a
enfadar la chica con la que el primero comparte buenos y malos ratos en
los momentos que pasa en la capital granadina –no muchos últimamente –.
Son dos grandes del ilusionismo. Lo han vuelto a demostrar en la
presente edición del Hocus Pocus, donde han puesto el rostro humano al
festival internacional promovido por el popular ‘MagoMigue’.
Mayores, menores y alguna que otra ONG han disfrutado de la calidad
técnica exhibida por estos dos no tan jóvenes talentos de una
disciplina que pide a gritos una consideración artística que, por otro
lado, estaría justificada. ‘Luisma’ y ‘Clabó’ han actuado en centros de
día, hospitales y locales de instituciones benéficas. ¿Por qué? “Porque
nos encanta la profesión, vivimos con pasión lo que hacemos y nos
esforzamos para que nadie se quede al margen, para que todos puedan
disfrutar de un espectáculo así, para que no haya excluidos.
La magia es nuestra vocación, la gasolina que nos mueve”, asegura Pablo
en una cafetería del corazón del Zaidín, barrio en el que ha crecido y
donde forjó su alianza con el compañero y vecino que le da la
alternativa durante sus originales y variopintas actuaciones. Se ganan
el pan con notable habilidad, con trucos que dejan boquiabiertos a los
asistentes. Su formación les avala, aunque advierten de que “los que
estamos en esto nunca dejamos de adquirir conocimientos.
El aprendizaje dura toda la vida”. Miguel Aparicio fue un buen espejo
en el que mirarse. Cuentan que les apoyó y les enseñó las claves del
oficio. ‘Luisma’ pasó bastante tiempo con él. Entre risas, niegan que
‘Magia Borras’ se encontrara entre los juegos de mesa que todo crío
almacena en el armario del dormitorio. La profesión y sus dotes les han
llevado fuera de España. Salmerón ha llegado hasta el Castillo Mágico
de Hollywood, un lugar por el que, según matizan los iniciados, sólo
pasan los mejores. También ha viajado a Francia, Inglaterra y otros
estados europeos.
Ahora ultima una gira por Estados Unidos y le han invitado a Colombia.
Clabó también cuenta con curriculum internacional. Sin embargo, no son
estas las experiencias que más les han marcado. Pocos conocen la faceta
altruista del ilusionismo que practican. Han participado en programas
del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Han exhibido todo el potencial de los trucos ‘made in Granada’ en
poblados de la selva guineana, ante un público que, de otro modo, jamás
habría podido soñar con disfrutar de un espectáculo así. Cambiar su
mundo. “Las caras de aquellos niños, que salían adelante con lo justo,
son inolvidables. Ni siquiera sabían lo que era la magia. Se
sorprendían por cualquier pequeña cosa, por el mínimo movimiento. Nos
tomaban por chamanes o algo parecido, casi como personajes con poderes
extraordinarios. Al terminar una fase del espectáculo, aunque fuera de
lo más simple, daban saltos de pura alegría y se abrazaban”, explica
‘Clabó’.
El relato no ha perdido ni una pizca de emoción. Para él, que lo habrá
contado mil veces, tampoco: “Aún se me ponen los pelos de punta al
recordar situaciones como la que nos llevó a actuar en un ‘pueblecito’
lleno de niños. Todos –habría unos 300–, entraron en la iglesia.
Realizamos el truco de sacar dinero de la mano. Les animamos a que
convirtieran en monedas las partículas del aire. Repetíamos el
movimiento una y otra vez y fuimos depositándolas en un recipiente.
Miraban fuera de sí. No daban crédito a aquello. Nos imitaban como
locos. Resultó genial”.
“Seguramente, hablamos de la situación que nos ha tocado más
profundamente desde que estamos en esto”, resaltan con sinceridad estos
dos granadinos que por una semana se llegaron a sentir magos ante
“espectadores completamente vírgenes”. Iniciaron a algunos chavales en
los misterios de la disciplina para que gozaran de su gran momento en
la gala final que tuvo lugar antes de que emprendieran la marcha: “Lo
vivían con una pasión descomunal. Prepararon capas con bolsas de basura
y varitas con palos. Demostraban una capacidad infinita para ser
felices, pese a las enormes carencias y dificultades del penoso día a
día”.
“No hemos vuelto para comprobar el efecto de aquellas actividades en la
población local, pero los responsables del programa nos comentan que la
ilusión perdura entre los chicos, que meses después continuaban
hablando de lo que vieron”, señala ‘Luisma’, quien no esconde que es un
buen argumento para seguir participando en proyectos de esta
naturaleza, “con los que no engorda la cuenta del banco, pero sí la
riqueza emocional y la propia satisfacción, que hace que el esfuerzo
siempre merezca la pena”.
Recompensa. “Las sensaciones que nos trajimos en la maleta no se pueden
pagar con dinero”, añade Pablo. Esperan repetir en próximas fechas. Les
han propuesto una aventura similar en Paraguay, país al que se
desplazarán con total seguridad en los próximos meses. Sus trucos
también curan dolores en Granada. Por ejemplo, el de los pequeños
enfermos ingresados en el hospital Materno-Infantil.
Una ilusión para olvidar problemas, que arrancan con esmero de chavales
que acaban de someterse a duras sesiones de quimioterapia. Son risas
que ensañan a valorar cada minuto de salud, que salvan. Luis Manuel
Salmerón y Pablo Torres son magos del alma.
Fuente: www.laopiniondegranada.es
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